CON UNA DE SUS ALAS ROTA

En medio de la celebración y la algarabía, el momento que tanto temía había llegado y en medio de la confusión y el sobresalto supo que le echaba de menos.

Extrañarle le dolía, tanto que cada sorbo del costoso trago entre sus manos ardía más que el día de la despedida.

La noche continuó y un apuesto desconocido le obsequió afecto a sus labios. Como era de esperarse, los besos le supieron agrios.

Pidió disculpas y salió del recinto. Notó que ya había amanecido y supo que hubiese sido mejor no haber ido.

Llegó a casa y observó con detenimiento un marco. Supo entonces que ella era como la mariposa del recuadro, colorida y bonita. Sin embargo, con una de sus alas rota.

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