¡Buena vida y mucha paz!

Agradecerá que yo te haya dejado ir, lo sé. —¡Que tonta fue al perderlo! —Dirá.

Es probable que tus gustos raros le causen asombro en un inicio. Sin embargo, tarde o temprano aprenderá a amarlos.

Adorará el sonido de tu ukelele, lo juro. Sobre todo, si le tocas y le cantas antes de dormir o al despertar.

Descubrirá que amas cantar, pero que lo haces sumamente mal. Tranquilo, a esos labios finitos y rosas se les perdona cualquier desentonación.

Podría hacer una lista interminable de todas las cosas que ella amará de ti. Sin embargo, no me siento con el derecho.

No después del desorden y caos que en tu vida yo causé.

Por sobre todas las cosas te respeto y te quiero. Si, te quiero.

No como una mujer que anhela compartir su vida o su cama contigo. Sino como alguien que por siempre te agradecerá por todo lo bueno que le aportaste a su vida.

Tengo que confesar que antes de ti creía que el amor era sinónimo de dolor y tormento. Pero me enseñaste que quien ama, no daña y menos juega con la nobleza del corazón.

Me enseñaste de mil formas que podía ser mejor persona y que mis errores del pasado no me definían. —Vive el presente. —Siempre decías.

Sólo deseo que la suerte te acompañe y que continúes esparciendo todo el amor y bondad que guardas en tu corazón.

 Todo sucedió como tenía suceder, perdón por las penas que causé y recuerda que ya todo te perdoné.

¡Buena vida y mucha paz! Esos son mis deseos para ti querido amigo. Fuiste la brisa de alivio que llegó cuando más lo necesitaba y siempre serás mi mejor casualidad.

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