El puquio Pt. 2

Poco antes de las 8 de la mañana, padrino y ahijado descendieron del bus y caminaron por 15 minutos hasta llegar a una gran casa con techo de tejas. El niño se sentía emocionado y el sonido de las aves, el intenso sol y tanta vegetación junta le habían hecho olvidar que se sentía hambriento. Cuando Jeremías ingresó a la casa de tejas dio un giro de 360 grados observando todo a su alrededor. Se sorprendió al ver los grandes balcones y escaleras de madera a los alrededores del patio. Nunca había estado en una casa tan grande como esa ni había visto un patio tan bello con palmeras gigantescas, una pileta de piedras, flores de múltiples colores y patos nadando en un pequeño estanque en donde a los lados habían crecido arbustos que nadie había podado.  Se adentró al patio con mucho asombro y con su robot en mano. A lo lejos vio el pozo del que su primo Ramiro le había hablado hace mucho tiempo. Recordó que su primo le había dicho que nunca debía jugar cerca del pozo, que si un día se cayese nadie podría salvarlo pues era tan profundo que llegaba hasta el centro de la tierra. Jeremías se acercó lentamente al pozo y mientras se disponía a asomar la mirada por el agujero oscuro, sintió una delgada mano en el hombro que lo asustó y lo detuvo.

—Hola cariño. —Dijo una voz femenina detrás del niño.

—¡Madrina! —Exclamó Jeremías con una gran sonrisa en el rostro y con mucho alivio de que se tratase de su querida madrina.

—¿Cómo has estado? ¡Qué grande está mi muchacho!

Doña Mariela abrazó fuertemente a su ahijado y le estampó un efusivo beso en la mejilla pues se sentía muy contenta por volver a ver al niño que hace más de 1 año no veía. Le pidió que la acompañase y lo dirigió hacia la habitación de Ramiro, su hijo de tan solo 2 años mayor que Jeremías que aún no salía de su habitación pues se encontraba acomodando una pequeña cama para su menor primo.

Cuando Jeremías ingresó a la habitación de Ramiro, creyó que esa era la habitación más divertida y colorida que había visto en su vida. La cama de Ramiro era de madera, colgaba de unas gruesas sogas sujetas al techo y para llegar ahí había que trepar por una escalera hecha también de madera. Debajo de la cama había un escritorio de madera con 2 banquitos rojos y a un costado, una gran pizarra verde en el que alguien había escrito con tiza blanca la tabla de multiplicar de los números 1, 2 y 3. En uno de los rincones de la habitación había un tronco viejo muy grueso que provenía desde el suelo hasta el techo, tenía unas aberturas poco profundas en las que reposaban diversos libros y colgaban algunos muñecos que parecían ser llaveros de peluche.  A un lado, Jeremías vio un anaquel blanco en el que había muchos juguetes de madera. Logró ver muñecos de diferentes formas y colores; carritos, trencitos, caballitos y hasta un helicóptero del tamaño de una naranja. En el suelo, había una gran canasta marrón que contenía también juguetes y a un lado yacía una guitarra idéntica a la de su padre con la única diferencia de que esta era más pequeña. En otro rincón vio un tipi color beige decorado con plantas y macetas a los alrededores. Finalmente, divisó una cama medio tendida y supo que sería ahí en donde dormiría todo el fin de semana. Jeremías tenía la boca abierta del asombro y la abrió aún más cuando gritó del susto.

—¡Bu! — Chilló Ramiro saliendo aparatosamente del tipi en el que se encontraba escondido. Llevaba una bincha y 3 plumas de gallo en la cabeza.

—¡Santos Dios! —Exclamó Doña Mariela llevándose una mano al pecho. —¡Qué susto condenado!

—¡Hola Jeremías! ¡Al fin llegaste! ¡Mírame! ¡Soy un indio! —Clamó a todo pulmón Ramiro.

Jeremías se recompuso rápidamente al susto y junto a su primo se rieron de la asustadiza madrina. Ramiro se abalanzó sobre su primo y le dio un fuerte abrazo de bienvenida. Doña Mariela por su lado, salió de la habitación y retornó a los pocos minutos con 2 tazones de leche tibia y deliciosas galletas de avena recién horneadas.

Abril

Mi vida tiene sabor a agüita de mar, se siente como un tierno y cálido abrazo y finalmente mi vida huele a vainilla, amor y esperanza. El otoño ha llegado y con él mi mes favorito del año, abril. Llevo en el corazón los gestos, acciones y palabras de amor que día a día heSigue leyendo «Abril»

Del lado de la paz

Mientras la mayoría de gente en el mundo responsabiliza a Putin del aún desconocido número de fallecidos tras la invasión rusa, Putin culpa al gobierno ucraniano por las muertes ocasionadas.  Biden por su lado, se reúne con el grupo de potencias del G-7 para establecer nuevas sanciones en contra de Moscú; todo ello en alianzaSigue leyendo «Del lado de la paz»

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