Una grieta en mi garganta

«No es nada. Tengo irritación en la garganta ya que durante estas últimas noches descubrí mi espalda y cuello.  Me encuentro bien, únicamente tengo estrés por la presión que implica mi trabajo y estoy pasando por mis días sensibles. Ya sabes, esos en los que me siento susceptible a todo y experimento fatiga, dolor de cabeza y hasta ganas de llorar.» Eso dije cuando alguien preocupado me preguntó si todo marchaba bien con mi salud. Pero la irritación en la garganta empeoró y comencé a sentirme cada vez más cansada.

El sábado por la noche hice fiebre y tuve la necesidad de dormir en el departamento de mis padres, en la misma habitación rosada en donde dormí durante muchos años hasta poco después de cumplir 26 años. Cada cierto tiempo, entre horas, sentía a mamá entrar a la habitación y acariciarme mientras se cercioraba de que la fiebre haya bajado o se haya ido. A la mañana siguiente no podía estar peor. Los síntomas se habían acentuado y sentía que una grieta se extendía por mi garganta causándome dolor e impidiéndome comer y creía que mi cuerpo se desmantelaría al mínimo esfuerzo físico que hiciera como al lavarme las manos o caminar hacia la ventana a tomar un poco de aire fresco.

Personalmente, amo los domingos. Disfruto del tiempo al máximo que pueda haciendo las cosas que más gusta hacer como leer, escribir, salir a caminar con mi perro y sobre todo ayudar a papá a cuidar de su jardín hasta terminar con las uñas negras llenas de tierra, oliendo a abono y requiriendo un baño de forma urgente. Sin embargo, este domingo me tocó ver la diversión desde adentro a través de mi ventana, enganchada el celular todo el día, medicada y bebiendo agua tibia a regañadientes. Esto último es lo que menos me agradó, nos encontrábamos a 26° C y yo debía beber mate en lugar de una cerveza. Por otro lado, se suponía que en la tarde de ese domingo papá me llevaría a la clínica, pero irónicamente él tenía otros planes. De más está decir que en casa todos nos enfurecimos con él y yo que no suelo enfadarme con mi familia, le quité el habla. No por mucho tiempo claro está. Ayer lunes se reivindicó y se comportó como lo que siempre ha sido para mí. Como Mi héroe.

Me realicé la prueba COVID hisopado y resultó positivo. Papá ni se inmutó al ver el resultado, evidentemente era el resultado que él suponía y esperaba. Me recetaron recibir medicina por la vía intravenosa y pensé que nunca saldría de la clínica cuando vi el tamaño del envase del suero y el líquido gotear tan lento como cuando mi hermano realizó el filtro de partículas al elaborar su propia cerveza. Si nunca han visto como se elabora la cerveza artesanal, deberían. El proceso es interesante y lo mejor de todo es cuando obtienes el resultado: Un líquido majestuosamente dorado desprendiendo un extraño pero adictivo aroma. Tu propia cerveza herman@. Bueno, sin desviarme del tema, ayer creí que me tomaría todo el día esperar que el suero junto a la medicina ingresara a mi cuerpo a través de esos delgados tubos que no recuerdo como se llaman. Sorprendentemente la sesión intravenosa tomó menos de una hora. Sin embargo, cuando salí de la sala tuve sensación de mareos y en algunas ocasiones creí que vomitaría. Lamentablemente la clínica estaba a tope con gente que esperaba su turno para ser atendidos y debo confesar que no fue agradable estar rodeada por tantas personas. Aún así mis papás y yo debimos esperar unos minutos más por mi certificado de descanso médico que para variar mi doctor no podía llenar ni firmar por falta de tiempo pues recibía una persona tras otra en su consultorio. Papá tampoco se sentía cómodo en aquella sala y decidimos irnos a casa y retornar en unas horas por mi certificado.

Al llegar a casa almorcé por obligación para ser honestos, ingerí mis medicinas y decidí tomar una siesta la cual me resultó sumamente reparadora y me aportó energía al punto de que sentí el deseo de ir al jardín del primer nivel de la casa a respirar aire fresco entre la higuera y la planta de limones de papá. Grande fue mi sorpresa por la noche cuando experimenté hambre y me preparé una tortilla de huevos con mis panes favoritos “PanQui”, hechos con quinua y bañados con ajonjolí. Ante la falta de fiebre no sentí la necesidad de volver a dormir en el departamento de mis padres y decidí cargar a mi hijito perruno e irnos a nuestro apartamento y retomar la comodidad a la que estamos acostumbrados. Mi pequeño movía la cola feliz al ver que su camita azul retornaba al lugar de siempre, bajo la ventana de nuestra habitación y a metros de mi cama.

Hoy martes me desperté durante la madrugada con malestar, el cuerpo adolorido y la sensación de no haber dormido lo suficiente pese a que me acosté antes de las 9 de la noche. Sin embargo, la irritación y el dolor en mi garganta han aminorado. Fue curioso leer a las 4 de la mañana las recomendaciones que algunos me han dado para hacer durante los 10 días de descanso médico que la empresa en la que trabajo me ha otorgado.  Los más cuerdos me sugieren reposar y enfocarme en mi recuperación, mientras que una persona para nada sensata me propuso ir a la playa. Por otro lado, mi doctor me pidió categóricamente que no consumiera nada ácido, picante ni que hiciera gárgaras caceras para evitar nuevas heridas internas en mi garganta. Es gracioso que todos los remedios caseros que me han recomendado incluyen ajos, cebolla, kion y hasta ron. Aún así, no bebo ni los remedios caseros de mi mamá; sabe que soy sumamente asquienta y por ello nunca se desgasta en ofrecérmelos.

En fin, son las 6 de la mañana y ya encendí el televisor, puse mi canción favorita y aunque creo que despertaré a todos en el edificio, esta es mi manera de hacerle frente a esta enfermedad. Con actitud, con amor a mi cuerpo para cuidarlo y darle el tiempo que necesite para recomponerse y sobre todo con mucho agradecimiento a Dios y a la vida por ponerme en donde estoy y con quienes estoy. Gente que con un afectuoso mensaje o un pequeño gesto me reconfortan y me animan a seguir adelante para reincorporarme nuevamente a mi trabajo, a mis actividades y a hacer todo aquello que tanto me gusta. Ojalá todas las personas que deben enfrentar esta y todas las enfermedades existentes en este mundo gozaran de este hermoso privilegio. Sin duda alguna, ahora que me encuentro enferma, me doy cuenta de lo necesario que resulta incluir en nuestros rezos a quienes no gozan de salud y más aún a quienes deben enfrentar esa situación sin la calidez de un familiar o un amigo a lado.

Posdata 1: No se alarmen, la ómicron es un virus sumamente contagioso y es muy probable que tarde o temprano terminen contagiándose. Sin embargo, si los malestares impiden sus actividades, recomiendo visitar un médico para evitar complicaciones como en mi caso. Nunca se descuiden.

Posdata 2: Beban los remedios caseros de sus tías o madres. No sean como yo.

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