Belén Pt. 1- El regreso

Belén nunca imaginó que más temprano que tarde debía regresar al Perú. Cinco años han trascurrido desde que dejó su hogar, su país y a los suyos cuando apenas había culminado su carrera universitaria. Su plan consistía en hacerse de un próspero futuro como cocinera en España y recuperar el tiempo que se mantuvo alejada de su madre desde que esta última emigró a lado de su segundo esposo. Hoy, después de todos esos años transcurridos, ponía nuevamente sus pies sobre superficie peruana y no podía evitar afligirse al pensar en Ernesto, el joven español con quien había mantenido una vehemente relación durante los últimos 4 años y a quien habían asesinado durante un asalto en un viaje a marruecos que emprendieron a insistencia de ella. Hoy retornaba a su país y su dolor era tan grande como su frustración al recordar las metas que se habían trazado juntos y que no habían logrado concretar debido a ese fatídico suceso. Pero debía poner a un lado su pesar y evitar derramar las lágrimas que peligrosamente se posaban en sus ojos pues afuera del aeropuerto de Tumbes la esperaban sus entrañables mejores amigos; Saúl y Mariana quienes se hicieron más unidos tras su partida y que hoy eran una pareja.

Tras cruzar la puerta del avión, un imponente sol alumbraba la media mañana y al envolver su cuerpo en calor la reconfortó haciéndola sentir como en su anterior hogar. Estando en el baño se retocó el maquillaje y cepilló sus dientes para posteriormente dirigirse al reencuentro con sus amigos. La joven pareja la esperaba sobre un jeep Wrangle color rojo y al avistarlos corrió hace ellos cruzando el estacionamiento del lugar, los abrazó impetuosamente y se permitió llorar; ante la circunstancia, podía disimular sus lágrimas de sufrimiento como por unas de emoción. Añoraba reencontrarse con sus amigos, pero siempre fantaseó con que, llegado ese día, lo haría de la mano de Ernesto. Aún así, Mariana reconoció el dolor en el rostro de su amiga y tras sostenerla entre sus brazos durante un largo y silencioso momento, le dijo:  Te extrañamos demasiado, no podemos creer que estés aquí.

Tras un emotivo reencuentro, Saúl sacó una fría cerveza de un cooler y tras entregársela encendió el jeep. Se enrumbaron hacia la casa de playa de Mariana y Belén disfrutó de la vista durante todo el camino. Al llegar, un gran cartel con la frase “WELCOME BACK” le daba bienvenida, el jardín y la piscina habían sido decorados con globos de diversos colores y papel picado con forma de mariposas, en el comedor la esperaba una mesa en la cual yacían una variedad de platos preparados a base de pescados y mariscos. Comió de todo un poco; majarisco, langostas, tamalitos verdes y ceviche de pescado y de conchas negras. Cuando creyó que no podía comer más, Saúl la sorprendió con un plato de dulce de grosellas y un jarrón de macerado también de grosellas.

—Cuando los conocí, pensé que eran unos perezosos. No les gustaba estudiar y me dejaban haciendo sola los trabajos grupales. —Dijo Mariana quien comenzaba a servir el macerado en curiosos vasos de madera.

—¡Claro que no! —Exclamó Saúl llevándose a la boca un trozo de dulce de grosellas con las manos. —La verdad es que eras muy pesada, nada de lo que hacíamos te agradaba, así que te dejábamos hacer todo a tu manera. —Agregó

—Mejor termina de masticar antes de hablar. Y te equivocas, recuerdo que difícilmente te ubicábamos y cuando lo hacíamos, solías estar en los cibercafés de los alrededores de la universidad jugando con tus amigos ….

—Nada más iba a los cibercafés a investigar. —Respondió Saúl con una sonrisa pícara en el rostro e interrumpiendo a su enamorada.

—¡Reconócelo! desaparecías cuando debíamos entregar tareas. —Dijo Mariana apuntando a Saúl con la mano en la que sostenía su trago.

—Extrañaba sus peleas. —Dijo Belén mientras se sujetaba fuertemente el cabello en una cola alta.

—¡Es un tonto! siempre me contradice. —Se quejaba Mariana mientras Saúl y Belén se reían.

Al llegar la noche, Belén prefirió descansar en su habitación en lugar de salir a bailar como Mariana le propuso. Les pidió a sus amigos que salieran y que no interrumpieran sus actividades por ella; en un principio ni Mariana ni Saúl querían dejar sola a su amiga después de todo lo que le había ocurrido, pero ella insistió en que se fueran de fiesta sin ella y fue muy firme cuando les dijo que no deseaba generar lástima y que lo único que le apetecía era descansar durante su primera noche en el Perú.

Finalmente, sus amigos accedieron a dejarla en casa y montados en el jeep de Saúl, se despidieron de Belén quien les enviaba besos por el aire mientras cerraba la compuerta de la cochera. Belén se dirigió a la casa y cuando Doña Eva se disponía a limpiar el comedor, le pidió que le trajera más del macerado que había compartido junto a sus amigos.

—Voy hacia la playa. Estaré en la hamaca. —Le dijo a la empleada y cogiendo su bolso y una manta de color azul, salió de la casa.

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