Desenfrenadas

Tras una agitada semana, ayer viernes por la noche terminé al fin de cerrar los últimos pendientes que tenía y me propuse continuar viendo una serie mexicana que descubrí hace menos de 1 semana en Netflix: Desenfrenadas. Decidí verla porque me pareció graciosa y que los personajes eran muy ocurrentes. Sin embargo, la serie me parecía una más del montón de series juveniles con escenas exageradamente cliché. Aún así, abrí una bolsa de chifles del norte y piqué fresas en trocitos para comerlas con miel en lugar de leche Nestlé porque me encontraba en pijama y sin ganas de salir a comprar. Me tocaba ver el capítulo 6: Mujeres Tormenta. Apagué las luces y me acosté en el sofá junto a Justin, mi hijo perruno. Aunque a él no le gusta las fresas ni los chifles, ama todo lo que es dulce, así que me resultó difícil comer las fresas con la miel que él ya había percibido con su olfato. No le di de probar la miel que obsesivamente miraba y por suerte no tardó en quedarse dormido acostando su pequeña cabeza en mis rodillas. 

Rocío, Carlota, Vera y Marcela, un grupo de amigas, se encontraban en medio de una tormenta tropical cuando la camioneta en la que iban se atascó en el fango. Las muchachas estaban asustadas y creían que el coche que iba detrás de ellas tocando incontroladamente el claxon, podría contener secuestradores o asaltantes. —No hay pedo … Me los chingo —dijo Marcela sacando su arma. Me reí demasiado con la expresión de Marcela y grande fue mi sorpresa cuando vi que del auto de atrás bajó un gentil señor que les ofreció refugio en su hogar. Al encontrarse en la humilde vivienda del señor Genaro, tomaron bebidas calientes bajo el bullicioso y vigoroso sonido de la tormenta. Un vecino llegó a la casa en búsqueda de la señora Juana, la partera del pueblo y esposa de Don Genaro. El Chente, hijo de Doña Juana, la condujo hacia la casa de una mujer que acababa de romper fuente. Rocío por ser médico de profesión fue animada a ayudar a la señora y Carlota, junto a una videograbadora, la acompañó. Durante el parto surgieron complicaciones y Rocío quedó pasmada al ver como Doña Juana mecía de un lado a otro a la angustiada mujer que se quejaba de dolor y que no podía dar a luz. —Tenemos que poner anestesia —Sugirió la asustadiza Rocío, pero la partera solo atinó a chistar para que se callara. Mientras tanto la feminista Carlota grababa todo con gran asombro y mucha atención. Rocío quien solo buscaba la forma de ayudar, viéndose frente al espejo supo que no tenía idea de lo que estaba haciendo y el fantasma de su recientemente fallecida hermana, apareció detrás de ella para recordárselo. La partera le dijo que el bebé estaba atravesado pero que debían arriesgarse, que no podían llevar a la joven madre a un hospital por que se encontraban a 40 kilómetros. Finalmente, el bebé nació. Era una niña. Carlota, Doña Juana y la joven madre sonreían y sus miradas entusiastas reflejaban el alivio y la satisfacción de haber logrado traer a la pequeña bebé sana y salva a este mundo. Rocío por su lado, aún aturdida, lloró y no pudo evitar desahogarse en un desesperado abrazo de Vicente, El Chente. Ratos después, en una pesadilla, su hermana muerta le decía: A veces hay que dejar morir para renacer. Y la partera: Si quieres salvar vidas … empieza por salvar la tuya.

Sin el afán de continuar spoileando, debo reconocer que ese capítulo era el mejor de todos los que había visto hasta ese entonces de la serie. No solo porque me resultó interesante ver como 3 jovencitas de ciudad y de familias acomodadas (Carlota, Vera y Rocío) se adentraban en la vida de gente campesina con realidades sumamente distintas a la de ellas, sino también porque en ese capítulo, Vera; una joven privilegiada y bloguera de moda acusada de haberse robado prendas costosas; revela su lado más humano y hasta se anima a desayunar frijolitos con tortillas mientras sostiene sobre sus rodillas al nieto de Doña Juana. Además, Carlota le manifiesta a Rocío su admiración por el empoderamiento que tiene una mujer como Doña Juana en su comunidad y que gracias a lo que acababan de experimentar, había descubierto que ese sería el tema de su documental. La despedida fue muy emotiva, Doña Juana le obsequió algo a Rocío y le dijo que no dude de que encontrará lo que busca y que las pérdidas a veces llegan para recordarnos que aún estamos vivas. Carlota abrazó a Doña Juana y le dijo que, tras haber sido testigo de aquel parto casero, le había cambiado la vida. Algo que me pareció alentador para el personaje de Rocío, quien desde mi punto de vista es una joven depresiva tras la muerte de su hermana Sofía, es que les comentó a sus amigas que hace mucho no sentía una paz como la que estaba viviendo en esos momentos. Espero que en lo siguientes capítulos logre descubrir lo que quiere para su vida y que ese algo no sea lo que su padre espera de ella, que decida finalmente si se casará o no con Juampi y que la muerte de su hermana deje de atormentarla.

Finalmente, gracias a este capítulo tuve el placer de descubrir una hermosa canción: Viajando de Loli Molina. Suena mientras Carlota y Rocío viajan de regreso a la casa de Don Genaro montadas en la parte trasera del Chevrolet de El Chente. Desde ayer no dejo de oírla y creo que se merece más que esos 334.9K views en youtube.

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